Reflexiones

Mi padre, mi pilar (I)

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A día de hoy se me hace un nudo en el alma cuando hablo de él, aunque sea por escrito, porque de viva voz no puedo hacerlo…Supongo que son tantas cosas las que puedo decir de él y no puedo expresar que si se me ocurre mencionarle me rompo, sin más.

Se me fue el once de noviembre de 2012, después de diez meses de cáncer de pulmón, y es el día de hoy cuando tengo muy aceptado que nunca jamás en la vida aceptaré que no está.

¿Qué decir de él? De mi padre se podría decir sobre todo que era una persona que no se dejaba conocer con facilidad, reservado como él solo y leal hasta el límite con quien él consideraba oportuno. A nivel profesional sus compañeros lo valoraban mucho, por lo que yo he podido ver a lo largo de los años. Y tengo todavía en mi memoria el día de su funeral en la capilla Arzobispal Castrense, de Madrid, cuando sus compañeros y amigos cantaron en su memoria La Muerte no es el Final…( para mí fue el momento más surrealista de mi vida, pensando mientras escuchaba el himno a sus compañeros de armas que no era posible que estuvieran dedicándoselo a él, que él no estaba muerto, que era patente que en la Tierra no estaba pero que esa canción no tenía sentido…)
El hombre más tenaz y persistente que he conocido en mi vida. Era capaz de dedicarle horas y más horas a estudiar inglés, un idioma que aborrecía cordialmente, porque él quería conseguir la capacitación para el idioma que se le requería para ser agregado militar, y volvía del Ministerio por las tardes y se ponía a estudiar. Seguramente le daba cien patadas, pero había que hacerlo y lo hacía. Y además, para más INRI, lo hacía en los tiempos de plomo esos en los que por ser militar llevabas una diana invisible y te podían freír a tiros o hacer saltar por los aire en cualquier momento. Sí, correcto, esa gente que tan agradable hacia la vida a los militares, la Policía Nacional y la Benemérita, está de una forma u otra con cargos políticos y pagados por los españoles. En fin, a lo que iba, que tengo una tendencia tremenda a irme por los Cerros de Úbeda con nada.

Tenaz, inteligente, persistente, educado, voluntarioso, cariñoso sin grandes alardes, con ese tipo de discreción que hacía que lo que hacía su mano izquierda nunca lo supiera su mano derecha…Y sobre todo dibujaba de maravilla, y todo lo que pueda decir se me queda corto. Las manualidades del colegio me las hacía él, que yo para algunas cosas valgo mucho, pero para las manualidades tengo dos preciosas manos izquierdas de madera con tres dedos cada una.

Por obra y gracia de la alienación parental, de la que disfruté durante muchos, muchos años, llegue a comportarme con él como una auténtica bastarda. Hice cosas como cambiarme de acera un sábado a las tres de la tarde en pleno Paseo de la Reina Cristina, de Madrid, en un momento en que no venía nadie, ni un pastelero coche, de tal forma que el cambio de acera por mi parte fue terroríficamente cruel.

Cuando el psiquiatra que me llevaba por entonces, el doctor José Antonio Estella, grande donde los haya, habló con mi padre delante de mí y le explicó cuál era mi situación mi padre no necesitó que se lo repitieran más veces. Le habían dicho que su hija estaba muy enferma y él hizo lo que mejor sabía hacer: analizar y ejecutar un plan conducente a ser el apoyo de su hija sin que se notara demasiado, pero con la firmísima voluntad de no dejarme caer bajo ningún concepto.

Él estaba a un tiro de teléfono siempre que lo necesitara, fuera la hora que fuera y si necesitaba hablar diez veces, diez veces que hablaba conmigo, si no venía a San Lorenzo de El Escorial a comer conmigo. Recuerdo un día en que fuimos a un restaurante donde mi ex pareja y yo habíamos ido con una cierta frecuencia, y la dueña, al verme con él, me dijo “Es tu padre, verdad? el parecido es evidente…” Y la sonrisilla de mi padre…A estas alturas de mi vida no se si el parecido es evidente más allá de la nariz, los pies, las manos, el culete…y si, en muchas cosas de mi carácter he salido a él…

Me cuesta mucho hablar de mi padre por lo que esta entrada irá en dos partes o las que necesite porque para mí es muy duro. Constatar otra vez, otra maldita vez, que mi padre no está a un tiro de teléfono, que no lo veo hace casi ocho años fuera de mis sueños, me hace pedazos, me hace ser consciente del vacío que hay en mí y que su muerte sentenció de por vida.


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