Reflexiones

Lo negativo de ser tan positivo

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Hace muchos años, más de treinta diría yo, que empecé a pensar que lo único que podía salvarme de la catástrofe emocional era buscarle lo positivo a lo negativo como fuera, siempre, por muy negras que fueran las cosas. 

Aprendí mucho de sacar lo positivo hasta de donde no había nada que sacar, como por ejemplo cómo bregar con personas que de humanos tienen sólo el aspecto físico, o cómo lo imperioso de sobrevivir emocionalmente te hace desarrollar herramientas de trabajo diario que suelen ser bastante útiles, hasta que tienes que cambiarlas por otras que funcionen mejor (si es que llega ese momento)

Pero sí que con los años me he dado cuenta de que sacar lo positivo de todo a veces nos hace a nosotros, enfermos, tragar con conductas o comportamientos inaceptables por parte de gente que sigue ese curioso estándar de “normalidad” que aplica la sociedad.

Un ejemplo claro: si eres una persona desprendidas, generosa, y regalas tus cosas porque te gusta hacer feliz a las personas, si alguien viene y te dice que lo haces para comprar a esas personas ( a mí me ha pasado, de mi supuesta mejor amiga), quien sea que te lo diga te sobra. 

Me explico: si yo me conozco y sé por qué hago o dejo de hacer las cosas, dentro de mi patológico sistema emocional, pero sé que lo hago por hacer felices a otras personas, no debo tolerar ni por asomo que este tipo de intelectuales de vía estrecha se me acerquen, porque si  predomina fuertemente la fragilidad emocional en mí me pueden llegar a crear un verdadero problema sobre mis motivos.

Somos , a la vez que supervivientes, personas de una enorme fragilidad emocional, y no podemos ni debemos bajo ningún concepto dejar que nadie venga a enseñarnos cómo somos y cómo debemos ser. Y mucho menos si esos maestrillos tienen unas vidas cuando menos ” cuestionables”. Siempre me ha parecido muy curioso cómo alguna gente te quiere dar lecciones de vida cuando las suyas son escombreras emocionales…Curioso, sí, señor. Pero a estas alturas de mi vida, con casi 47 años que hago el 16 de abril, veo venir a la gente a kilómetros, y generalmente me producen una indiferencia digna de estudio.

De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos lo más posible, para que nuestra enfermedad no haga daño a quienes nos aman y que quienes deben estar lejos de nosotros no nos hagan daño.


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