Reflexiones

Llamar a las cosas por su nombre

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Es muy fácil juzgar a los enfermos mentales como personas que no viven en el mundo real,que no ponen de su parte para hacer una vida normal, que sólo quieren que la gente esté pendiente de ellos. Es muy fácil cuando la vida de uno es más o menos rutinaria, con un trabajo, una casa, una pareja, unos hijos…pero cuando la enfermedad mental vive contigo no es nada fácil vivir. De hecho,vivir se convierte en el mayor reto que uno se pueda imaginar. Algo que uno da por hecho, el levantarse cada día, para un TLP suele ser un reto.No se trata sólo de los síntomas, que uno tiene que llevar como mejor puede o sabe..Es sobre todo la incomprensión a casi todos los niveles,la casi total falta de empatía…el pensar que quien quiere puede y que si el enfermo quiere puede…Son un montón de sentimientos de desvalimiento, de vacío, de soledad casi absoluta..es el saberse fuera del mundo llamado real…porque ese mundo, esas personas demandan atención, demandan una serie de cosas que un enfermo mental por más que quiera no puede dar, y no puede desde el momento en que el apoyo es casi igual a cero.

Sí, queridos niños, es casi igual a cero porque no nos interesa el que sufre a nivel del alma. Se nos caen unas lágrimas como piedras por los niños de Etiopía, pero el hermano que vive tres puertas más allá y que sufre nos pilla como tan lejos…porque hacer porque nos pille cerca nos interpela sobre nuestra forma de ser, pone a prueba nuestro compromiso con la Vida, nuestro compromiso vital con el que sufre.Nos impacta más el hambre de comida que el hambre de vida.

Sí, es cierto, y lo sé porque lo he vivido.Y lo he vivido muchos años. Nunca he entendido cómo personas de mi circulo más o menos cercano no entendían por qué yo no era..normal. Lo llamaban “coraza”, sí. Coraza porque al primer chico que me gustó resultó que le gustaba otra y yo decidí que de una semana para otra dejaría de gustarme y así fue. Pasé de estar pillada a sentir algo parecido a la indiferencia más absoluta…Y eso,naturalmente, se cobra un precio. Con 16 años ya sabía el precio de no pensar y ejecutar, porque la única forma de estar vivo era no pensar. Actuar, actuar, actuar y no mirar para atrás. Detrás estaba el infierno, estaba la mano negra que amenazaba con arrastrarme y no podía permitirme el lujo de parar…Siempre hacia delante, aunque por el camino me dejase el alma y la posibilidad de vivir.Nadie sabía que yo era presa de una madre con una peculiar forma de ser…

Y quien habla de desengaños amorosos habla de todo lo demás…En ese tiempo quizás quienes más conocían lo que pasaba realmente eran Cuca y Emilio, mis catequistas, y cada uno de ellos hizo lo posible por estar a mi lado incluso cuando yo no quería nada más que estar sola.Pero es que no soy la ùnica. Fuera del tema de si nos faltan o no sustancias en el cerebro,en el cual no entro porque no controlo como para meterme en ese lodazal, la realidad es que la vida de una persona con TLP ha sido y es muy jodida, desde muy temprano.Y no,no somos asi por gusto, y no somos hipersensibles porque queramos ser más humanos. Llamemos a las cosas por su nombre: hemos sido maltratados, y seguramente nuestros maltratadores tienen taras de fábrica pero es muy cómodo tener en quién estamparlas. Y basta de intentar que eso se tape con que nuestro maltratador era una víctima..Eso es lo más fácil y no siempre es verdad. Y si lo es es una manera muy fácil de quitarles de encima su responsabilidad…

YO HE SIDO MALTRATADA PSICOLÓGICAMENTE Y NO MALTRATO A NADIE.

El abuso, el maltrato, han sido parte de mi día a día desde hace muchos años. La persona que me maltrataba se fue hace muchos años y yo estaba allí, casi hasta su último aliento…Si la memoria no me traiciona y  el TOC no se interpone, su última frase fue “hija, me das un beso? y yo la dije “claro que sí ,mamá.”” Cómo iba a pensar que esas..serían sus últimas palabras…Uno nunca sabe cuándo lo que dice a una persona será lo último que dirá…Y desde luego ese maltrato continuo deja huellas.

Recuerdo un dia en que tuve una discusión con mi ex-suegra, Carmen, una persona buena y entregada como pocas he conocido en mi vida. Es generosa, cariñosa, siempre anteponiendo las necesidades de los demás aunque ella esté en la miseria…Pues ese dia no sé por qué discutimos pero una respuesta que le di, a una observación  cargada de razón sobre mi madre, fue “independientemente de cualquier otra consideración es mi madre, y sólo yo puedo ponerla a parir…”  Y no se trata de ponerla a parir, es llamar a las cosas por su nombre fuera ya de la consulta de mi psicóloga…

LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE LAS COLOCA EN UNA PERSPECTIVA MÁS REAL QUE ANDAR CON PAÑOS CALIENTES TRATANDO DE TAPAR LAS MISERIAS FAMILIARES.

Que sí,que de acuerdo,que los trapos sucios se lavan en casa,pero es que yo a ese nivel ya no tengo casa. Mi casa se hundió cuando papá sucumbió al cáncer ante mi total impotencia para quitarle el dolor o curarlo…Y cuando un año más tarde encontré a mi madre muerta…Es  por esto que digo en voz bien alta, o en letra bien negrita, CADA UNO DEBE ASUMIR SU RESPONSABILIDAD, Y UNO NO ES TLP ASI,DE LA NADA.

Eso seguro.


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Un comentario

  • andres hurtado

    Pues claro que no interesa entender a los traumatizados (no puedo escribir enfermos porque no creo en las enfermedades mentales)

    La sociedad en el fondo lo único que quiere son personas que le sirvan, el llamar enfermedad a todo lo que se desvíe de esa sumisión ya dice mucho de donde vivimos

    Ser normal es hacer lo que te mandan, es no pensar por ti mismo ni tener iniciativa, es ir a donde van los demás, hacer lo que hacen los demás, pensar como los demás

    No es casualidad que en el ejército te rapen y te den un uniforme, eso es lo que busca la sociedad y el estado, todos iguales y cortados por el mismo patrón, si pudieran quitarte el cerebro te lo quitarían lo mismo que la iglesia les quitaba los cojones a los niños pobres metidos en orfanatos para que cantaran mejor

    No consigo recordarte, pero ahora, antes justo de escribir este mensaje me he enterado que fuiste compañera de colegio, no termino de situarte pero bueno, en el colegio es donde se empezaba a vivir eso que llamaban normalidad

    la disciplina del miedo, la ley del más fuerte, el aborregamiento y la sumisión

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