Reflexiones

Esa niña…

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Antes de nada, vuelvo a insistir en que nadie se busca el ser persona borderline, el tener la personalidad trastornada por abusos en la niñez y la adolescencia, aunque en mi caso siguieron hasta que me fui de casa por un más que desagradable incidente entre mi madre y mi ex,que fue responsabilidad única y exclusiva de mi madre, que buscaba cualquier resquicio para aislarme del mundo, con treinta y pico años…

Lo vivo mal. No sé verle el cien por cien de cosas buenas por más que las busco. Sí destaco que el tener este tipo de personalidad me hace ser hipersensible, de modo patológico pero hipersensible, a las necesidades de los demás. Me vuelco en ayudar a las personas (cuando no estoy en etapa de limitarme a dejar que mi corazón lata porque estoy intentando no caerme del todo al Infierno) porque sé muy bien qué es el sufrimiento y me dejo la piel por intentar que los demás no sufran.
He aprendido a operar en solitario. Quiero decir con esto que como desde muy pequeña me habitué a vivir en un campo de minas y a que la responsabilidad del bienestar de mi madre ( el querer compensarla por haber nacido) dependía de mí,cogí la costumbre de intentar no necesitar nada de nadie, y me convertí en una experta estratega. Echo un vistazo a la situación y decido en cero coma qué hay que hacer. En segundos, ante el problema A tengo las soluciones A, B y C preparadas para ser ejecutadas. Si una no funciona intento la siguiente y la siguiente hasta que el fuego está apagado. 
¿Qué ocurre cuando estoy con un pie en las llamas del Infierno borderline? que muy a mi pesar no puedo hacer nada. Estoy atada de pies y manos emocionales, y sufro cosas tipo olvidos constantes, disociaciones continuas (de hecho, en algunas épocas soy una disociación con piernas), no encuentro las palabras adecuadas en una conversación, no soporto el contacto con la gente…Y sobre todo ese fantasma que sobrevuela del daño físico por dejar de sentirme como me siento…
En esos momentos no tengo ni la capacidad de decir que me siento mal, porque estoy tan habituada al rechazo de la gente, a esa manía estúpida de sacarme la ristra de topicazos acerca de lo agradable que es la vida si se la sabe vivir con una sonrisa o de que problemas los tenemos todos, que mientras intento esperar a que se me pase me meto todavía más dentro de mí. Voy haciéndome más pequeña y más asustadiza, pero no sé hacerlo de otro modo. Cuanto peor me siento menos hablo y menos me quejo.
Soy como un pequeño robot de carne y hueso dentro de un robot más grande llamado Fátima. La niña pequeña que habita en mí (porque soy una niña de 46 años dentro del cuerpo de una mujer) se limita a mirar alrededor buscando una mano, una palabra, de alguien que la diga que no está sola,que no debe preocuparse, que todo estará bien, que no la va a soltar…Como no me soltaba mi padre…
Pero la realidad se impone y esas palabras no llegan nunca, y la niña confía en que no está sola porque de alguna manera Dios está poniendo en su camino las baldosas para que pueda ir pisando y afrontando un día y otro día y otro día de soledad emocional y vacío, de sensación de fracaso y de no servir para nada, de sentir que soy una carga para los demás y que lo mejor que hago es intentar no significarme. 
La niña pequeña que es Fátima sabe que en este día a día está sola, porque en el lugar emocional donde Fátima está, donde Fátima respira, no puede llegar nadie, a pesar de que salga en contadas ocasiones para decirle a las escasísimas personas que no la han dejado de lado “creo que no me encuentro muy bien hoy, me siento rara”.
Sí, creo firmemente en Dios. Como leí una vez , no tengo una manera de explicar por qué creo en Dios y sé que existe pero tampoco necesito pruebas. Quizás la prueba de fuego de mi creencia en El llegó al punto máximo cuando me enfrenté a la muerte de mis padres con un año de diferencia, sola. Eso del duelo solidario a día de hoy sigo sin saber qué es y cómo se hace (en la teoría lo sé, en la práctica,no) De la estupefacción acabé desembocando en la creencia absoluta de que Sus tiempos son perfectos y que SIEMPRE nos lleva por el camino perfecto aunque creamos que no. A pesar de mi patológica desconfianza en todo y en todos, confío ciegamente en Dios  y seguramente eso me salva de muchas conductas borderline mil por cien. Eso sí, también con un esfuerzo por mi parte descomunal. Pero ahí está Dios,y aunque no se crea, actúa a través de las personas y los acontecimientos,de lo bueno y de lo no tan bueno. 
Y me refugio en los libros…nunca me han fallado.

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Un comentario

  • Manuel Castellanos Plaza

    Fátima, yo comprendo tu relato porque desde los 15 años(cuando comencé el primer ritual de un TOC que me diagnosticaron a los 18) comencé a sufrir, y el sufrimiento, como tú sabes, te hace madurar tempranamente. Me siento solo aunque vivo con mis padres y tengo una familia que me quiere incondicionalmente, en los buenos y los malos momentos está conmigo.
    Sobre la relación de la que hablas con tu madre, y dado que te gusta leer, éste es un libro que no te fallará: Vivian Gornick., “Apegos feroces”., Editorial Sexto Piso. Creo que te verás reflejada en la protagonista.
    Te envío un cordial saludo.

    Manuel Castellanos Plaza.

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