Reflexiones

¿Realmente la sinceridad es la Verdad?

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Cada día me sorprende más el concepto de la sinceridad tal como se usa actualmente. Algo me dice que en estos tiempos de la Postmodernidad, como básicamente se resumen en un cenagoso y hediondo “todo vale si me vale”,se le llama sinceridad a todo. Desde decirle a una persona que lo que lleva puesto, con todos los respetos, le hace parecer una vaca sarnosa, hasta entrar a una mujer para ligar con ella con una frase que a mí,que la escuché de labios de un amigo del interfecto que la usaba, me hizo sonreír hará la friolera de dieciséis años . La frase en cuestión es “hola, me gustan tus ojos, ¿me comes la polla?”. Sin duda es una forma de preguntar las cosas muy sincera y que no deja lugar a la duda sobre las intenciones del pobrecillo don Juan que la usaba. Parece ser que los primeros intentos de la noche usando esa frase no acababan bien pero sin duda el sujeto conseguía sus intenciones (alrededor de las dos o tres de la mañana, todo sea dicho).

¿A qué viene todo esto? Viene a que la sociedad está muy acostumbrada a tirar de sinceridad, grosso modo, cuando realmente lo que hace es ventilar sus propias deficiencias e inseguridades. El concepto “sinceridad” viene de la mano del de “Verdad” y seguramente, si fuera un pulpo, lo haría conjuntamente con ” Bien” y ” Mal”. El problema en todo esto es que no creo que haya mucha gente que sepa unirlos todos, es decir, si lo que yo voy a decir es la verdad, entonces soy sincero, porque me doy cuenta de que esto está bien y esto está mal. 

¿Qué ocurre cuando se le quiere decir a un enfermo algo que creemos que es sinceridad? En mi opinión,que antes de soltarlo deberemos estar MUY SEGUROS de que es verdad y de que tenemos autoridad moral para decirlo, porque cuando tiramos una piedra contra un cristal, si es de veinte centímetros de grosor, seguro que se le hará una pequeña fisura, pero si es un cristal fino, tipo Bohemia, lo destrozaremos. Y dará igual si lo hemos hecho desde la sinceridad.

¿ Por qué? Porque si queremos decirle a una persona que es débil y que día a día va cargada con una enfermedad mental, por ejemplo,que no pone de su parte…Lo más seguro es que detrás de esa sinceridad anide nuestra propio miedo a que nos pase lo que le pasa a ella, y desde luego que soltando ese tipo de perlas abominables nos curamos mentalmente en salud porque estamos, o creemos estar, en esa atalaya que nos aleja de algo tan humano como la enfermedad del alma, de la mente.

Y ES QUE LA LINEA QUE SEPARA LA SANIDAD MENTAL DE LA ENFERMEDAD ES TAN FINA QUE CRUZARLA ES MUY, MUY SENCILLITO, EN SERIO.

En lo que a mí concierne, soy bastante impermeable a esos alardes de sinceridad. Creo que tengo desde pequeña un nivel de introspección lo suficientemente elevado y honesto como para saber cuándo lo hago bien,cuándo patino, cuándo me he equivocado, etc..y obviamente actuar en consecuencia. PAra considerarse “sincero” uno debe ser honesto e íntegro. Debe ser capaz de mirarse a los ojos y poder reconocer lo erróneo que hay en él antes de decirle nada a los demás, y mucho menos de juzgarlos o decirles qué deben hacer.

Y ahí radica una cuestión espinosa , y es que ser honesto con uno mismo es complicado. La vida no funciona en relación a nuestro propio placer ni somos el centro del Universo, no. Como nosotros hay millones de personas, y desde luego esto no es el mundo de los bastones de caramelo y el algodón de azúcar, y no importa mucho más lo que el mundo te aporte como lo que puedes aportar tú.

¿Sinceridad? Sí, claro, pero antes asegurémonos de que somos honestos y de que estamos en situación de decir las cosas, porque nos hemos puestos en los zapatos de la otra persona, hemos caminado 24 horas con ellos puestos y estamos seguros de que vamos a aportar. Porque si no es así, nuestra sinceridad y nosotros mejor nos vamos a dar un largo paseo del que nunca regresemos. Nadie necesita que voces que no tienen ni idea de cómo nos sentimos, o cómo nos tortura nuestra mente, vengan a enseñarnos cómo empujar nuestra roca.

Necesitamos que nos digan “deja que yo empuje un rato y tú, descansa, que no estás sola y no tienes que cargar sola con esto”.


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