Reflexiones

Pequeños gestos

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Hasta la oscuridad más lóbrega y tenebrosa, la que más nos hace imaginar a qué puede oler la muerte, se puede iluminar con un pequeño gesto.

Una vela encendida en ese pequeño gran infierno que es y será siempre nuestra mente puede ser la diferencia entre la opción personal de morir o la aceptación de cómo somos y la confianza en que por muy mal que se pongan las cosas siempre hay una lucecita que nos alumbra el camino.

¿Cuál es tu velita?


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2 Comentarios

  • Manuel Castellanos Plaza

    Que he sido profesor de Filosofía y mis alumnos me felicitaron, me saludaban cuando me veían por la calle. Que soy filósofo y escritor, tengo un sobrino a quien quiero más que a mí vida y daría ésta por él si fuera necesario, que tengo una familia que, desde los arduos inicios de mi enfermedad, han estado conmigo incondicionalmente. En fin, son muchas velitas, y, sin detenerme a vislumbrarlas, hacen que mi túnel no sea tan oscuro.
    Un cordial saludo.

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