Reflexiones

Estar, hablar y actuar.

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Tres palabras para tener en cuenta en la vida cotidiana. Estar en la vida de una persona. Decir «te quiero» sabiendo lo que dices y que ese «te quiero» te compromete con la persona a la que se lo has dicho. Actuar, es decir, hechos y no sólo palabras.

Las palabras comprometen, nunca me cansaré de repetirlo. Y te comprometen aún más cuando a la persona enferma le dices que cuente contigo o que nunca estará sola o que estarás a su lado…Si te compromete con una de las llamadas personas «normales» con un enfermo mental mucho más, porque le estás dando unas esperanzas que , si no cumples, le puedes hacer un daño incalculable.

Uno de los problemas que yo veo a la hora de hablar es que la gente se expresa como muy alegremente, como o no sabiendo lo que dice, o que no lo piensa antes, o que piensa que queda todo como muy guay pero que quién va a recordarle aquello que dijo. Curiosamente muchos de ellos luego no recuerdan haberlo dicho, haber sido crueles…Memoria selectiva, se le suele llamar.

Y es una infinita crueldad crear esperanzas a una persona con una enfermedad mental, cuando una de nuestras señas de identidad social es precisamente la soledad y el estigma.

Se nos ve como a personas problemáticas a quienes es mejor tener lejos (por «locos», básicamente) y esto lo digo por propia experiencia empezando por cierto miembro de mi familia más cercana, que tuvo  un día la generosidad de  explicarme cómo debía comportarme con sus hijas, mis sobrinas Blanca y Carlota Pellico, porque no querían ni su mujer ni él que las transmitiera nada de lo que según ellos era poco alegre y que yo transmitía con mi cara. En palabras textuales, que no me comportara como mi madre, que también era la suya y que para lo que le interesaba bien que se acordaba de ella.

Si quieres a una persona estás en su vida, la haces saberse acompañada y entendida y lo demuestras con los hechos. 

Si no estás o sólo estás cuando a ti te apetece o te aburres o no tienes a nadie a mano, piérdete y búscate otro mono organillero. Las excusas tipo «necesitaba desaparecer » son truños, ñordos que no se cree nadie. Cuando quieres a una persona no desapareces. Punto. Aunque hay gente que no está nunca y cuando aparece por sorpresa no sé qué espera, dado que a quien nunca está no se le echa de menos. Quien nunca está pronto deja de hacer falta.

Eso de «hoy estoy y mañana no y nunca vas a saber cuándo volveré» sólo causa dolor, porque las personas así como nosotras, enfermas del alma y de la mente, somos muchos más frágiles a muchos niveles de emociones que la mayoría y lo que a otra persona le es indiferente a nosotros puede machacarnos (aunque no lo aparentemos, como es que mi caso, que NUNCA demuestro el dolor que me puede causar una persona).

Lo dicho, si eres familia de un enfermo del alma/mente o amigo o algo así sé muy consciente de lo que dices, que no es algo baladí.

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