Reflexiones

Hablando de sexo…

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Me gustaría en esta entrada abordar el tema, aunque sea un poco por encima, del sexo como conducta apriorísticamente adictiva y fuente de problemas en un TLP (y en otras patologías)

A poco que se sepa del trastorno límite de la personalidad, y básicamente, por extensión, de los temas de salud mental, el sexo constituye una de nuestras vías de escape adictivas para no sentir esa inmensa nada putrefacta y hedionda que nos corroe. 

No voy a entrar para nada en temas de moral ni de religión. Cada uno de su capa puede hacer un sayo y queda entre su conciencia y él, pero visto desde un punto de vista puramente humano el sexo tiene una capacidad de enganche brutal.

La sensación del orgasmo y todo eso qué duda cabe de que está genial, que es increíble y que da la impresión de estar estableciendo lazos especiales con el partenaire de catre…y que entre las sábanas uno siente una supuesta libertad que nos hace olvidar por un ratito cómo nos sentimos habitualmente.

Pero ¿ qué pasa cuando creemos que la persona con la que nos acostamos siente más por nosotros que un simple calentón? Ahí está el verdadero problema de un borderline con el sexo, y es que, con nuestra patológica necesidad de alguien que nos salve de nosotros mismos el sexo se convierte en un arma de doble filo y además muy afilado.

Que una persona se acueste con nosotros no significa ni que esté enamorado ni que ese polvo sea un contrato matrimonial. Significa sencillamente que se le sube la líbido y que quiere algo para desahogarse y que le gustamos o bien no tiene a mano una modelo de esas de instagram y que a falta de pan, buenas son tortas. Esta es la pura realidad.

En un grupo leí una vez que una persona decía que le gustaba tanto el sexo que como mínimo lo hacía con una media de cinco personas distintas al mes o más. Si esa persona tiene claro que es una manera de lograr orgasmos como si se comprara un consolador y lo usara varias veces al día, estupendo. Allá cada uno. Pero bajo esa práctica promiscua suele subyacer una necesidad casi patológica de lograr aceptación y autoestima a través del aspecto físico y del sexo. Como no logramos ver nada bueno en nosotros si otro nos echa  un polvo automáticamente nuestro valor queda a salvo porque si nos han follado será que algún valor tenemos…¡Curiosa forma de “valer”!

Y no, el tener muchos amantes no nos hace personas especiales ni aumenta nuestro valor. Sólo significa que por la razón que sea atraemos a personas de otro sexo o del mismo. Nada más.

Y lo sé porque yo no he llegado a cosechar amantes a pares más que nada porque moralmente no me interesa, no por falta de aspirantes, pero sé qué es sentir que como un otro se fija en nosotros nuestro valor aumenta.

Y sé por experiencia que cuando se entra en esa dinámica de valorarnos en función de si gustamos o no nuestra autoestima va disminuyendo a velocidades de vértigo, porque cada rechazo que sufrimos tras ese polvo es un mordisco a nuestro autoconcepto y recuperarnos cuesta mucho.


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