Reflexiones

Esa maldita culpabilidad…

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Tras un cierto tiempo sin escribir por dificultades emocionales severas retomo el blog con un tema que creo que es importante: la culpabilidad y cómo se vive desde la enfermedad mental.
La conciencia es en cada uno de nosotros, enfermos o sanos, el timbre de alarma que suena cuando hacemos las cosas como no debemos o, por el contrario, permanece en silencio cuando no infringimos reglas, normas, como cada uno quiera llamarlo.
Cada cual tiene una moral o una ética, o ambas cosas, que le van dando pistas de por dónde sí y por dónde no.
Por ejemplo, robar no es legítimo, en ningún caso. En mi conciencia eso no se hace pero entiendo que hay personas que creen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón y cosas así…Para mí, Fátima Pellico, robar es un delito, ya sea el otro un ladrón o no. Lo que sea el otro a fin de cuentas no es asunto nuestro, al menos de manera somera.
Lo mismo podría decir de temas como el aborto, la pena de muerte, etc…En conciencia no podría nunca estar a favor, porque para mí eso es matar y matar es contra naturam (salvo casos muy extremos de defensa propia).
Sin embargo soy consciente de que hay mucha gente que tiene una conciencia tan laxa que les vale para todo. Si engañan a sus mujeres o maridos, es que él o ella no cumplen, lo que hace que les esté permitido engañar. Y como ese ejemplo hay muchos…Seguramente todos conocemos personas que parece que tienen un pedrusco o un zurullo como conciencia y para los cuales todo vale si es para su autosatisfacción.
En mi caso la culpa, el sentido de la culpa, está grabado a fuego en mí. Como sé muy bien y de muy primera mano qué es sufrir y qué es estar absolutamente desesperada y completamente vacía, no quiero que en lo que de mí dependa nadie sufra, nadie sufra daño hasta donde yo pueda evitarlo.
Seguramente lo que produce en mí el TLP, además de la  depresión, el TOC y la angustia, es que esa necesidad de que las personas no sufran daño se traduzca en una sensación constante de culpa. Si hago algo porque lo he hecho y quizás no debería, y si no lo hago , porque no lo he hecho y debería haberlo hecho…
Si alguien me llama porque necesita hablar, aunque esté agotada y exhausta y con el infierno en el ánimo, le escucho, porque creo que lo necesita y las necesidades de los demás quedan siempre así en primer lugar , siempre por delante de las mías. Si pongo, en este caso concreto, mis necesidades por delante y soy consciente de que materialmente no puedo, luego me siento culpable porque esa vocecilla insidiosa de la culpa me dice que podría haber hecho ese esfuerzo…Pues bien, con este mecanismo patológico de la culpa tiro de la mínima batería emocional y escucho a quien me ha llamado, de tal forma que cuando me quiero dar cuenta estoy disociada porque el cerebro necesita algo que yo no le doy: descanso. Disociada y, claro está, aún más agotada, más débil, más frágil y más rota.
Seguramente, me juego el brazo derecho y no lo pierdo, los enfermos mentales tenemos una propensión enfermiza a sentir culpa incluso en casos en que la toalla está hecha jirones y aún así no la tiramos…Y eso curiosamente nos convierte en víctimas propicias para personas narcisistas, histriónicas y sociópatas, porque parece que huelen la fragilidad y se aprovechan de ella.
¿Cómo manejo la culpa? La manejo muy mal, y a pesar de los años que tengo sigo machacándome intentando cumplir una serie de cosas que , en mi enfermiza conciencia, me permiten no sentir culpa, y es siempre dejar de lado lo que sé que necesito en favor de otros.
Y de esto no tiene nadie la culpa. Yo me he acostumbrado desde que era pequeña a operar sola, por así decirlo, con lo que yo me lo guiso y yo me lo como, porque me siento responsable del bienestar de los demás. Empecé así cuando murió mi hermano Eduardo, teniendo yo cinco años y continué hasta que murió mi madre, bajo cuyo maltrato emocional estuve hasta su muerte. Y si no me exploto a mí misma intentando dar todo lo mejor de mí A LOS DEMAS, nunca a mí misma, me siento culpable y me siento todavía peor como persona, más inútil y mas parásito…
Pero quizás lo peor ,bajo mi punto de vista, es que en el caso del TLP no sabemos qué es el punto medio, y yo menos que nadie lo sé. 
¿Si pudiera elegir entre sentirme culpable por casi todo o no sentir nunca remordimientos qué escogería? Seguramente, conociéndome como me conozco, elegiría sentirme culpable porque eso creo que me hermana con el género humano. Me hace recordar que en la medida de nuestras posibilidades, a pesar de todo, es necesario que seamos conscientes de que no importa tanto lo que la vida nos aporta como lo que podemos aportar nosotros. En cualquier circunstancia.

 


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