Reflexiones

Decíamos ayer…

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Sé que lo he comentado en varias ocasiones pero por experiencia sé que no está de más recordarlo.
Cuando se trata con un enfermo del alma o enfermo psiquiátrico, si preferimos decirlo así, estamos ante una persona frágil,muy frágil, extraordinariamente frágil y vulnerable. 
No estoy hablando de los sociópatas o sus compañeritos de gremio, los psicópatas.
Estoy hablando de las personas que padecemos desde depresión hasta TLP, pasando por Trastorno Límite,TOC, trastorno bipolar, esquizofrenia, etc o varias a la vez,que también se puede dar, como es mi caso, y donde puedo garantizar que , hablando mal y pronto, se pasa de la ostia de mal (licencia poética).
Igual que ante una persona recién operada o una con escayola por una pierna rota o una con varias hernias o una con cáncer, extremamos el cuidado y no le sugerimos que salga a dar un paseo ,que le vendrá bien tomar el aire arrastrando la escayola, con los enfermos de trastornos anímicos pasa lo mismo.
Necesitamos que se nos trate como lo que somos:personas con carencias y problemas ante los que necesitamos ayuda.
Vuelvo a repetir que las misterwonderfulerías no nos ayudan en nada o casi nada. Tampoco nos ayudan las zafiedades y cretineces del estilo de una de las que tuve la ocasiòn de protagonizar, en la que cierta persona, preguntada sobre si me prefería con depresión o con cáncer, tuvo a bien responder que  con un cáncer…
La ayuda tiene que ser proactiva. No debería ser necesario que la persona se corte el brazo o se funda dos mil euros de un golpe o tenga un coma etílico para darnos cuenta de que nos necesita. 
Se trata de una cuestión de amor, implicación y compromiso. La enfermedad la tiene esa persona, y seguramente no disfruta con esa lotería a la que no jugó y que ganó. Pero si bien en muchas ocasiones somos problemáticos,no solemos serlo intencionadamente y ya bastante sufrimos nosotros como para que nos añadan el sufrimiento extra del desprecio o el alejamiento de los demás. 
Cuando tu familiar o amigo con problemas mentales agote tu paciencia hazte esta sencilla pregunta: ¿me gustaría que de estar yo en su lugar me trataran así como le trato yo?

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